Historia, Relatos

Nunca Jamás

Almas errantes

como pétalos deshojados

de una amapola florida.

Tiempo trascurrido

en un vacío eterno

flor con sus pétalos

encontrados,

almas redimidas.

Largo letargo adormecidas,

pétalos secos

vueltos a la vida

la de una memoria

escondida.

 

Cierta noche del mes de agosto de 1936, cuando en el cielo aún brillaba la luz de las estrellas, la quietud envolvía el lugar, mientras el frescor de un leve vientecillo aliviaba la canícula de mediados de dicho mes, en la oscuridad de una calle, los faros de un vehículo a motor abríase paso ante la negrura. Era un pequeño y viejo camión, marca Ford, el que vino a estacionarse ante la puerta de vetusto edificio, que albergaba el matadero municipal y el deposito carcelario, de aquel pueblo sevillano, pequeño pueblo de campiña.

Mientras el vecindario de aquel blanco pueblo, de caserío encalado, calles terrizas y con algunas casas de chozos, dormía o puede que sus sueños fuesen ficticios, una larga pesadilla, ya que sus mentes estarían pensando en acontecer de aquellos hombres, vecinos del pueblo, que el día anterior habían sido detenidos y retenidos en la cárcel, desde luego, para sus familias la palabra dormir no existiría, por sus mentes pasaría una nebulosa de cosas sin un fin definido.

La redada de las detenciones, se produjeron por la tarde del día anterior, por parejas de hombre armados, los que se desplazaron por las calles del pueblo. Las ordenes que recibieron eran concretas para cada pareja, a quienes debían de detener, unos lo fueron en sus propios domicilios otros en las tabernas, donde se encontraban platicando con otros tertulianos. Conforme iban siendo detenidos, eran trasladados al depósito de detenidos(cárcel). Aquellos hombres estaban casados y con hijos, eran personas jóvenes y de mediana edad, de profesión campesinos (braceros) y lo único que poseían eran sus brazos y manos, para el duro trabajo del campo, por un jornal de 4,50 pesetas y una jornada laboral de 8 horas. ¿Sus delitos?, pertenecer a un partido de clase (de izquierdas) y estar afiliados al sindicato UGT en un Estado de Derecho (II República española) y asistir a la Casa del Pueblo (conocida como “el Centro”) a conseguir trabajo (Junta Local de Trabajadores, conocida vulgarmente como “repartíos”).

Aquella noche, los familiares de los detenidos, se desplazaron a edificio carcelario a llevar comida a sus allegados, bajo la atenta mirada de sus vigilantes. Cuando les fue ordenado, los familiares de los detenidos se marcharon, quedando en el lugar carcelario sus seres queridos, con la esperanza puesta en encontrarse de nuevo al día siguiente.

Las personas detenidas no ofrecieron resistencia, nada temían, pudieron haber huido de su pueblo, como en otras localidades, pero no lo hicieron.

Ante el estallido del golpe militar, del 18 de julio de 1936, aquel pueblo blanco de la campiña sevillana, quedó sin fuerzas de orden pública (Guardia Civil), la que recibía ordenes en el puesto de una localidad cercana –Leer artículo Guardia Civil en Historias de Lantejuela-

La Comandancia Militar del Ejército, en la ciudad de Écija se subleva a favor de los facciosos. El Destacamento militar situado en “las Turquillas”, con una guarnición de 60 o 70 soldados y suboficiales al mando de un capitán adherido al llamado Movimiento Nacional, toma la localidad del El Rubio y días después, con las tropas a su mando, emprende la toma de aquel otro pequeño de la campiña.

En la localidad de El Rubio se produjeron algunos altercados, pero en el pueblo de referencia, a que estamos narrando, nada ocurrió, gracias a la valentía y mesura de su primera autoridad, el pueblo fue entregado sin violencia alguna, siendo nombrada una Junta Rectora por orden militar y disuelta la corporación municipal constitucionalista.

Aquel pequeño pueblo quedo en manos en fuerzas paramilitares, como todos aquellos otros colindantes al mismo.

En aquel pequeño camión Ford, suben varios hombres, no muchos, los detenidos, los que iban custodiados por un grupo mayor de hombres armados. Ya todos en la caja del camión, los detenidos fueron maniatados de dos en dos, con alambre de alpaca. El vehículo se pone en marcha y renqueante emprende calle arriba un viaje, por una tortuosa y estrecha carretera, llena de guijarros y cantos rodados y sus arcenes cubiertos de grandes matojos de hinojos, con destino desconocido.

En aquel pueblo, pequeño pueblo andaluz, la luz del día comienza a señorearse por su caserío, sus moradores van despertando de sus pesadillas nocturnas, más aún para aquellas personas que tienen sus seres queridos detenidos. Por las calles del pueblo, como una ráfaga de aire asolanado va llegando a los oídos de aquellas personas, la triste noticia de que la cárcel se encuentra vacía, lo que les invade la zozobra, la inquietud y la desesperanza, se adueñan de nuevo de las mentes y corazones de las todas las personas de buenos sentimientos, al ignorarse de aquellos hijos del pueblo.

Aquel viejo camión, al amanecer del mismo día, regresó al pueblo, pero su carga venía mermada, volvieron sus pasajeros, los vigilantes, más los varios hombres que aquello custodiaban, esos seres quedaron en algún lugar desconocido, dándoseles por desaparecidos. Dos de estos hombres, en el trascurso del trayecto son desatados de sus ligaduras por uno de sus vigilantes, saltan del camión y escapan al amparo de la oscuridad de la noche y lo abrupto del terreno. Uno de los fugados regresa a su pueblo natal, siendo ocultado en casa de sus padres. El otro fugado busca refugio en un caserío cercano, varios días después emprende su huida hacia zona republicana, regresando varios años más tarde a su pueblo.

Sobre ambas personas no hubo represalias algunas, haciendo vida normal entre sus convecinos.

Triste y cruel Guerra Civil, donde la brutalidad humana no respeta ni as sus propios hermanos, donde los seres pierden el raciocinio por la defensa de unos locos ideales de uno u otro signo.

El poder desencadena el odio, donde los intereses y el egoísmo predominan por encima de las personas, de la cordura y buena convivencia entre los seres humanos, pero desgraciadamente, la locura de la Humanidad siempre ha sido así, a través de la Historia.

Ojala estos hechos nos hagan reflexionar, a unos y a otros, que el mejor camino es el perdón.

 

 

 

 

 

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Historia

La Plaga

Hacia el último decenio del siglo XIX, durante la regencia de Doña María Cristina, por la minoría de edad de su hijo Alfonso el XIII, una de las 7 plagas que asoló el antiguo Egipto, la de la langosta, hizo su presencia en el Término Municipal de Lantejuela. Una pequeña plaga de langostas, provenientes de las cálidas tierras africanas. Estos insectos comenzaron a medrar por los campos de cereales, causando daños en los cultivos.

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Artículo

¿Por qué, lantejolenses son “cucos” y ursaonenses “alcaravanes”?

El cuco común, vulgarmente conocido como comín,  es un ave parasitaria que utiliza los nidos de otras especies de pájaros para criar a sus polluelos. Puede ocupar el nido de hasta 30 especies de distintas aves. Pone en el nido ajeno un huevo tan parecido a los que ya está incubando otra ave, que ésta lo considera de su “puesta” y también lo incuba.

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Relatos

El Niño Penitente

¡Mamá, quiero salir de penitente!, así dijo a su madre, un niño de poco más de 8 años, días antes de Semana Santa. Durante la Cuaresma, por la mente de aquel niño “bullía” algo, deseaba vestirse de penitente, salir de nazareno.

Desde hacía 2 ó 3 años atrás, las inquietudes de aquel niño, eran las de ponerse una túnica de nazareno, él así lo deseaba y, así una mañana, se lo pidió a su madre.

Aquella madre solícita, deseando hacer realidad los deseos e inquietudes de su hijo, le entregó 2 ó 3 pesetas, importe del alquiler de la túnica.

Contento, muy contento, el niño se dirigió a la iglesia, habló con el párroco Don Fernando exponiéndole sus deseos de alquilar “un traje de penitente”. El párroco, de un cuarto trastero cercano a la puerta del templo, de un montón de túnicas de color azul, entresacó una a la medida de su peticionario, y se la entregó, dándole el niño el dinero del importe del alquiler. Diligentemente volvió a su casa, ¡mamá, mamá, aquí traigo la ropa de penitente!. Esto lo decía lleno de gozo y brillandole las pupilas de sus ojos.

Por fin, aquel niño, iba a vestirse de penitente, ¡menuda ilusión!

Aquella madre, de las manos de su hijo, recogió la ropa que la traía. Ésta observó las prendas y para sí, se dijo: “Precisan 2 ó 3 lavados, acortarla y un buen repaso de costura”. En fin, que tenía por delante bastante tarea, pero exclamó: ¡todo sea por ver feliz a mi hijo! y, además, tenía que fabricar con cartón un capirote.

Aquel Jueves Santo, el niño estaba deseando ponerse la ropa de “penitente”, ¡qué ilusión!, sus deseos iban a cumplirse. Aquella tarde su madre le puso la túnica, los “arreglos” dieron el fruto deseado. Aquel niño, alegre, contento y feliz, salió a la calle, ¡iba vestido de penitente, sus sueños se habían cumplido!.

La Festividad de Semana Santa fue en los primeros días del mes de Abril, hizo calor, ¡vamos, sí hizo calor! Y, por supuesto, el niño penitente, bien que la sintió, pero no le importó.

A la hora de la salida de la procesión de las imágenes de Nuestro Padre Jesús Nazareno con la Cruz a cuesta y Nuestra Señora la Santísima Virgen de los Dolores “Chiquitita”, llevadas en andas por los porteadores, el niño penitente estaba, portando una pequeña vela que su madre le había comprado para alumbrar los pasos, esperando en la puerta de la iglesia, para acompañar a las imágenes, las que en años anteriores había visto procesionar por las calles del pueblo, como niño que lo era, las había acompañado en su recorrido; pero él deseaba hacerlo vestido de penitente.

Hizo todo el recorrido emocionado y con satisfacción, su corazón infantil vio cumplido sus deseos, esta vez lo hizo vestido de “penitente”, aunque pasase calor bajo la túnica que, con tanto esmero y cariño su madre le arreglase.

Gracias, madre mía, por tu generosa entrega.

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