Relatos

El gordo y un sepelio

En el pasado siglo XX, el juego de la Lotería Nacional, fue generoso, al menos para dos vecinos de Lantejuela.

A principios del mencionado siglo, un vecino llamado, José Siria Barrera fue designado por la Justicia como miembro de un Jurado Popular que tenía que juzgar a una persona en la Audiencia de Sevilla. El día indicado esta persona se trasladó en tren, vía Los Ojuelos-Lantejuela, para asistir en la formación del citado jurado. En uno de los recesos el Tribunal concedió, los miembros del jurado aprovecharon para ir a tomar café, a un bar cercano al Palacio de Justicia, estando en el mismo, se les acercó un vendedor ambulante ofreciéndoles lotería a los 9 ó 11 miembros de aquel jurado, solo uno de ellos compró un décimo, y éste, fue el vecino de Lantejuela. Terminada la vista del juicio, los miembros del jurado se trasladan a sus respectivos lugares de origen. Al vecino de Lantejuela, pasado varios días, por la lista que enviaba al Ayuntamiento el Servicio Nacional de Loterías, asombrado comprobó que le había tocado la lotería, que el décimo por él adquirido, aquel número había sido agraciado con el premio mayor, el gordo, con nada menos, que 20.000 pesetas del año de 1.916.

Con el importe de este premio, puso en funcionamiento una tienda de comestibles y adquirió varias pequeñas suertes de tierras de labor, convirtiéndose en un pequeño comerciante, y a su vez, en un mediano labrador propietario, la suerte le fue propicia.

Ya discurriendo la década de los años 40 del mismo siglo, a otro vecino de Lantejuela, conocido como Javier “El Sereno”, (su abuelo había sido sereno en Lantejuela), y él que se dedicaba, con un carro y una mula de su propiedad, a dar portes a Osuna, y traer sacos de yeso, materia que se empleaba mucho por esa fecha en trabajos de albañilería, así como poseía una pequeña tienda de comestibles, en la calle Virgen del Rosario, adquirió en la administración de Loterías, en Osuna un décimo o participación, siendo agraciado con el gordo, con un premio de 25.000 pesetas, por aquellos tiempos lo que se conocía como un buen “pellizco”. Esta persona cuando cobró el premio quiso celebrarlo con todo el vecindario, en la puerta de su pequeña vivienda, puso varias mesas y sillas, y para alumbrar el lugar lo dotó de dos lámparas con pequeñas bombillas, se sirvieron copas de coñac y aguardiente, y hubo un gran paseo (como si fuera un Domingo) en toda la calle Virgen del Rosario, las personas que asistieron a compartir la alegría de Javier y su esposa, beber bebieron poco, pero pasearse sí que se pasearon, calle arriba, calle abajo, una y otra vez, fue una noche de felicidad compartida.

Viene a colación, el premio con el que fue agraciado un sacerdote, el que ejercía su magisterio pastoral en la villa de Osuna, allá por el año de 1.903, “El Cuerno de la Fortuna” dejó caer en manos del clérigo, la cantidad de 20.000 pesetas, las que dedicó íntegramente en reparar un monumento de la villa ursaonés.

Años antes, en los últimos correspondientes al siglo XIX, ante las fuertes lluvias caídas en Osuna, la torre de la Colegiata se vino abajo, quedando en el suelo.

Este sacerdote, destinó el importe del premio a levantar la torre derruida, lo que consiguió en parte, porque la citada torre no fue del todo terminada, ya que en su parte superior sigue careciendo de una cúpula que la cubría, como antaño poseía la primitiva, ignorándose el motivo de que no se terminase en su totalidad, siendo lo más probable de que, los fondos dinerarios de aquel premio no diesen para cubrir a la mencionada torre.

Gracias a este sacerdote, hoy en día, la Colegiata de Osuna, cuenta con su magnífica torre, para entonces, aquella Insigne Colegial dejó de pertenecer a la Casa de Osuna, a parte que los Téllez-Girón tampoco estaban muy boyantes, en cuestión de caudales, como quedó patente a la muerte del último duque, Don Mariano Téllez-Girón, XII duque de Osuna (Madrid 1.814- Besauraing 1.882). Contrajo matrimonio con Doña María Leonor Presencia Catalina, Princesa de Salun-Salun, el que dilapidó la fortuna de sus antepasados, encontrándose su mausoleo de mármol blanco, depositado en una capilla, sita en un rincón de la que fuese la Iglesia-Colegial de sus antepasados los duques de Osuna. Este noble, falleció en su castillo en Bélgica, hacia la década de los años 80 del siglo XIX, siendo trasladado su catafalco en tren hasta la estación de Osuna, una vez allí, el vagón que lo transportaba quedó aparcado en la vía “muerta”. Del tren se bajó una persona, el administrador del duque, el que encaminando sus pasos hacia la población, donde visitando varias tiendas de ropa, compró toda la tela negra existente que había disponible en Osuna. Después mandó que la confeccionasen para vestir a varios hombres, así como encargó que varias piezas de tela de color negro fuesen cosidas, a fin de cubrir varios grandes volúmenes.

Dirigiéndose, después de este último encargo, a un mesón donde habló con un carretero, al que le contrató sus servicios.

Al oscurecer de un día de Invierno, una comitiva de hombres enlutados y con antorchas encendidas portándolas en sus manos, junto a una carreta tirada por cuatro yuntas de bueyes, tanto el carromato como los bueyes cubiertos de tela negra, se encaminaron a la estación de ferrocarril, donde aquellos hombres procedieron a sacar el sarcófago de mármol, con el cuerpo del duque, del vagón donde estaba y lo depositaron en la carreta.

La comitiva se pone en marcha hacia la Colegiata, bajo una fuerte lluvia, se desencadenó una fuerte tormenta con viento y grandes relámpagos. Aquella comitiva parecían espectros avanzando camino de la Colegiata. Llegado a su puerta, los hombres contratados, con sogas y fuertes palos, procedieron a cargar el mausoleo y lo trasladaron a la nave principal, donde lo depositaron en un lugar que ordenó el administrador del duque, y donde hoy en día se encuentra.

Al día siguiente, una vez dando cumplimiento a la voluntad de su señor el duque, el administrador, dejándolo todo solucionado, partió en el tren de la noche hacia Sevilla.

Las autoridades de la villa de Osuna, se enteraron de tal acontecimiento días después, el administrador del duque tenía órdenes de no comunicar nada a las autoridades. Todo se llevó en silencio, tal y como el finado había ordenado.

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Artículo, Historia

La exposición iberoamericana

Para el año de 1.929, durante el reinado de Alfonso XIII, en la dictadura a cargo del general Primo de Rivera, su gobierno, a fin de mostrar al exterior, ante las naciones del mundo, y en particular a la comunidad de naciones iberoamericanas, los progresos del régimen, se acuerda celebrar dos grandes acontecimientos, por un lado la Exposición Universal en Barcelona, así como la Exposición Iberoamericana en Sevilla.

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Artículo

Los arrendatarios o pegujaleros

Años ha, en Lantejuela, existían muchos pequeños arrendatarios de parcelas rústicas. A parte de los llamados “colonos” del cortijo de “Los Ojuelos”, otros terratenientes comenzaron a ceder sus fincas en pequeñas suertes, a los llamados arrendatarios o pegujaleros, de esta forma se cedieron, los cortijos de “Los Veneros”, “El Francés” (antes “El Diablo”), “Chinchilla”, “Casablanca”, “Claraobut”, y otras fincas cercanas al Término Municipal de Lantejuela.

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Relatos

El amor en primavera

Todo ser humano, por naturaleza, es proclive a sufrir “mal de amores” o el popular llamado “celo del carlanco”. Esto más o menos, le ocurrió a tres varones de un perdido pueblo sevillano, hace más de una centuria de años.

Los protagonistas de nuestra historia eran un padre y dos hijos, el padre de mediana edad y sus hijos en plena juventud, y como en Primavera la sangre altera, a estas tres personas, a estos hombres, se les alteró, digamos mejor, se les despertó los genes varoniles.

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Historia

Ayuntamiento de Lantejuela (Una Corporación suspendida)

En la Gaceta de Madrid (hoy Boletín Oficial del Estado), número 273 de fecha 30 de Septiembre de 1.894, por el Ministerio de la Gobernación, se publica la Real orden siguiente: “Pasado a informe de la sección de Gobernación y Fomento del Concejo de Estado el expediente relativo a la suspensión del Ayuntamiento de La Lantejuela, decretado en 26 de Julio último por el Gobernador Civil de Sevilla, ha emitido con fecha 28 del actual el siguiente dictamen: “Excmo. Sr.: Por Real orden de 21 del corriente, se consulta a la sección en el expediente de suspensión del Ayuntamiento de La Lantejuela, provincia de Sevilla, resultando de los antecedentes: Que nombrado un Delegado comenzó la visita con arreglo al Real Decreto de 22 de Abril de 1.890, e hizo constar en el expediente los hechos siguientes:

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Historia

Las Plañideras

Al menos, hasta el año de 1.875, en la villa de Lantejuela existía la tradición de las llamadas “plañideras”, estas mujeres, que previo pago de unos emolumentos o estipendios en metálicos, se desplazaban al domicilio de una persona difunta, a fin de rezar por su alma. Estas personas, vestían completamente de negro desde la cabeza a los pies, y con un gran velo que le cubría su rostro y parte de su cuerpo.

Ellas lloraban y rezaban por el alma de la persona fallecida.

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Huertas, Tejares y Caleras

Desde hace muchos años la villa de Lantejuela ha contado con varias huertas, con sus hortelanos, estos lugares poseían de alberca, pozo, noria y vivienda.

Una de estas huertas estaba situada en la carretera a Fuentes de Andalucía, en la que hoy es el polvero de Reguera. Su dueño conocido como el “Gordo la ecijana”, esta huerta, al lugar de “El Porticón”, procediendo a su venta, años después, esta persona adquiere nuevas tierras en el Paraje de “las Marchelinas”, cercanas al camino de la Añoreta, construyen viviendas, pozos y albercas, explotando una nueva huerta, la que unos años después vende. Su nuevo propietario dedica la finca al cultivo del algodón.

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